Matemáticas con A. María Josefa Wonenburger Planells

Imagina estar ascendiendo una montaña, en la cima está aquello por lo que llevas años luchando, trabajando. Tu camino ha sido complicado, incluso más que el de algunos compañeros de viaje. Está lleno de piedras escarpadas algunas de las cuales a veces caen y te hacen descender… aún así,  lo has superado todo, estás a punto de llegar, empiezas a ver los frutos del trabajo.

De pronto oyes que te llaman desde la base de la montaña. Se trata de  alguien a quien adoras, alguien a quien le debes la vida, alguien a quien quieres proteger. Te grita con desesperación porque algo no va bien y te necesita. Durante toda tu vida te han dicho que eres tú quien tienes que cuidar a esa persona, que no vale con estar, que tu papel es cuidar. Y no, no es que te lo hayan dicho directamente, que igual sí, pero te han rodeado de mensajes subliminales mediante actitudes y regalos distintos para ti que para tus hermanos y primos.

Frenas en seco, el espacio que queda por delante parece empinarse aún más y sabes que, si bajas, difícilmente volverás a subir. Puede que, si lo haces, otros compañeros que subían contigo hayan dejado caer piedras (posiblemente sin saberlo) que te harán aún más difícil alcanzar la meta. 

Imagina que a esta sensación de desesperanza le unes tener que dejarlo absolutamente todo. Tu casa, tu vida, tus amistades. El nudo en el estómago es enorme, la rabia, la impotencia, la frustración… ¡si tan solo las cosas hubiesen sido diferentes!

Así es como me imagino que debió sentirse María Josefa Wonenburger Planells cuando en 1983 tuvo que tomar la decisión de volver a España para cuidar de su madre enferma, dejando su puesto de Catedrática en la Universidad de Indiana en Estados Unidos.   

Pero ¿quién fue María Josefa Wonenburger? 

¿Me dejas que te cuente?

El principio del comienzo

María Josefa Wonenburger Planells vino al mundo bajo el sonido del metal del negocio familiar, la Fundición Wonenburger. Hija de Julio Wonenburger (apellido de origen Alsaciano) y Amparo Planells (Valenciana, no cabe duda), nació el 19 de julio de 1927 en la localidad de Montrove, en el municipio de Oleiros, A Coruña. 

Sumidero del casco histórico de A Coruña, F. martinez. Fuente: Diario La Opinión de A Coruña

Los juegos al aire libre, el deporte y las matemáticas marcaron una infancia que ella siempre recordaría como muy feliz a pesar de que parte de ella se desarrolló en un país en guerra. 

María Josefa era, definitivamente, una persona inquieta. Destacó desde muy pequeña en el cálculo matemático, practicaba hockey sobre patines y baloncesto, le encantaba la música, sobre todo Bach y, por si fuera poco, estudiaba Inglés y alemán. Una mente privilegiada que no pasaba desapercibida y, pese a las imposiciones sociales de la época, nadie fue capaz de negarle la posibilidad de estudiar una carrera. 

Matemáticas en Madrid

Si bien es cierto que en casa hubiesen preferido que estudiará Ingeniería industrial para poder hacerse cargo del negocio familiar, su amor por las matemáticas pesaba más que cualquier otra cosa en el mundo. Siendo así, en 1945, María Josefa parte hacia Madrid donde estrena los estudios de Licenciatura en Matemáticas (que hasta entonces recibían el nombre de Ciencias exactas) en la Universidad Central de Madrid. 

Una de las cosas que llamaban la atención de ella según cuentan María José Souto Salorio y Ana Dorotea Tarrio Tobar en la biografía de  María Josefa que escribieron para la Gaceta de la Real Sociedad Matemática Española (RSME), es que nunca tomaba apuntes. Se sentaba en clase y escuchaba con atención sin hacer nada más. Después volvía a la famosa Residencia de Señoritas de la calle Fortuny y transcribía todos los resultados que le habían mostrado ese día. ¿No os parece brillante?

Foto de la Orla de María Josefa. Via Cultura Galega

En 1950 terminó su licenciatura pero, para ella, no era suficiente, quería  más, así que empezó a cursar el doctorado. Unos estudios que se vieron tristemente interrumpidos por el fallecimiento de su padre el 1 de septiembre de 1951. Fue un momento muy duro tras el cual María Josefa pasó seis meses en Galicia acompañando en el duelo a su madre y a su hermana pequeña.

Pero pronto se rehizo y volvió a la carga para continuar  con su doctorado. Sin embargo, las perspectivas de trabajo para una mujer matemática en España no eran nada halagüeñas y sus profesores, Germán Ancochea (1908-1981) y Tomás Rodríguez Bachiller (1899-1980), le recomendaron buscar opciones fuera. Y así lo hizo.

En España no se puede

En ese momento acaban de aparecer las prestigiosas becas Fulbright y María Josefa se convertiría en la primera mujer española en recibirla. Tras muchos problemas burocráticos, el 15 de julio de 1953, María Josefa se subió al barco que, partiendo de Gibraltar, la llevaría a Estados Unidos. 

Su primera parada fue la Universidad de Syracuse. En ella recibió unos cursos introductorios pero su destino final era la Universidad de Yale. Allí, bajo la supervisión del prestigioso algebrista Nathan Jacobson (1910-1999) desarrolló su tesis doctoral. Una tesis que defendió en 1957 bajo el título “On the group of similitudes and its projective group”. 

Pero la financiación de la beca se acabó  tan pronto presentó la tesis y tuvo que volver a España. Y aquí llega uno de los episodios que más coraje despierta en esta historia. 

La cuestión es que, a su vuelta a España, no se le reconoce el doctorado realizado en Yale y ella, ni corta ni perezosa, se decide a realizar una segunda tesis mientras trabajaba en el instituto matemático Jorge Juan del CSIC. Esta segunda tesis estuvo dirigida por Germán Ancochea y llevaba por título “Representación espinorial de los grupos de semejanza” y ¿sabéis qué? Pues que, por un problema “administrativo”, tampoco le sirvió para conseguir el título de doctora. ¿Os imagináis la frustración? 

De camino a la cima

Ante estas perspectivas,  en 1960, Maria Josefa se marcha a Canadá con una beca postdoctoral en la Queen University (Kingston, Ontario). Lo hace ante recomendada por su primer director de tesis, algo que indica la alta valoración que tenían de ella quienes la conocían. Poco tiempo después se traslada a la Universidad de Toronto como Assistant Professor (el equivalente a ayudante doctora en España). 

En Toronto, como en casi todos los lugares en los que había estado, María Josefa era la única mujer, y además extranjera. Por eso le extrañó tanto que el estudiante Robert Moody (1941–)  la eligiese como directora de tesis.  Moody, que acabaría convirtiéndose en un importante algebrista, destaca el papel inspirador de su directora en el desarrollo de la Teoría de Kac-Moody, una teoría fundamental en la relación entre las Matemáticas y la Física de los años 60-70.

El carácter de María Josefa era cercano, de risa contagiosa, hacia amigos allá donde iba. Pero también debía ser una persona tremendamente familiar y, echando de menos a su madre y a su hermana, en 1966 se traslada primero a la Universidad de Buffalo y un año más tarde a la Universidad de Indiana, ambas en Estados unidos, dónde era mucho más fácil que estas pudiesen ir a visitarla. 

María Josefa y el Álgebra

Las aportaciones de María Josefa al Álgebra fueron muchas. Llegó a ser una experta en Teoría de Grupos clásicos realizando un importante trabajo en el estudio de los automorfismos. En esta área publicó una veintena de artículos en revistas de relevancia internacional y  dirigió 8 tesis doctorales.

Mar ́ıa Wonenburger en Canad ́a en 2001, con sus disc ́ıpulos R. Moody y S. Berman y sus “nietos” A. Pianzola, K. Liu, Y. Gao, N. Strungaru, J. Lee y S. Sullivan. Foto extraída del artículo del artículo original publicado en la Gaceta de la RSME

De forma muy simplificada, para que se entienda (que nadie se me enfade), en Matemáticas, el área de Álgebra se encarga del estudio de estructuras complejas… si queréis podéis imaginarlas como sacos llenos de cosas que podemos combinar entre sí mediante operaciones. Esas “cosas” pueden ser números, funciones o cualquier otra estructura matemática… incluso otros sacos llenos de otras cosas. 

Dentro de estas estructuras, los automorfismos son transformaciones de una cosa en sí misma de manera que mantienen sus propiedades… Por ejemplo, si lo que tengo dentro del saco  son números, y saco 3 en orden (2,3,4) , un automorfismo sería reordenarlo a (4,3,2). 

Y todo esto se complica infinitamente estudiando las propiedades de los sacos y de los sacos de sacos o, incluso creando sacos de automorfismos de sacos… en fin, Álgebra, que si bien puede sonar complicada, resulta fundamental en todo tipo de aplicaciones a la Física o a la Computación.

Bajar de la montaña 

Pero, en 1983 llega la voz desde el pie de la montaña.  Su madre enferma y ella asume que debe regresar a A Coruña para cuidar de ella. En ese momento, con 56 años y mucho por hacer, su carrera académica quedó truncada y, aunque nunca abandonó sus libros de Álgebra y siguió trabajando por su cuenta y realizando colaboraciones puntuales, ya nada sería lo mismo. 

Maria Josefa fue sacada del olvido gracias al empeño de su amigo Federico Gaeta y al excelente trabajo que hicieron Maria José Souto Salorio y Ana Dorotea Tarrio Tobar y que publicarón en la Gaceta de la RSME

Por suerte, María Josefa  recibió en vida múltiples reconocimientos. Entre otros,  fue nombrada, en 2007,  socia de honor de la Real Sociedad Matemática Española y 3 años más tarde,  Doctora honoris Causa por la Universidad de La Coruña. Además, La junta de Galicia crea en su honor el premio María Josefa Wonenburger Planells que se concede desde 2007.

Calle en honor de María Josefa en A Coruña. Via @DimatesUA

La Doctora Wonenburger falleció el 14 de junio de 2014 en A Coruña, a punto de cumplir los 87 años. Pero su historia no puede caer en el olvido ya representa muchos de los males endémicos de la ciencia en España. La falta de oportunidades y financiación, el exceso de burocracia y sobre todo, y esto no es solo en España, que los cuidados quedan fuera de la carrera investigadora. 

Referencias: 

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